En el trayecto de regreso del colegio a su casa, los niños de la zona deprimida del barrio Bellavista, en la ciudad de Cali, suelen escuchar a su paso el atronador ruido del Reguetón que ponen en sus equipos de sonido los mayores del vecindario. La banda sonora de las calles de este barrio puede incluir música norteña, vallenato o, en casos excepcionales, alguna salsa u otra música bailable, pero no se escucha nada diferente saliendo de los potentes parlantes del sector.
Sin embargo, hay una calle en la que el estruendo es muy diferente. De la sede de la Fundación Notas de Paz salen otros sonidos que llaman la atención por el marcado contraste con los habituales cantos parranderos del barrio. Allí funciona la sede de una orquesta sinfónica para niños entre los 10 y 18 años, un experimento de tejido social y convivencia muy llamativo.
Sin embargo, hay una calle en la que el estruendo es muy diferente. De la sede de la Fundación Notas de Paz salen otros sonidos que llaman la atención por el marcado contraste con los habituales cantos parranderos del barrio. Allí funciona la sede de una orquesta sinfónica para niños entre los 10 y 18 años, un experimento de tejido social y convivencia muy llamativo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario