"Para un guajiro (campesino), pensar en La Habana es la ambición más grande. Nada supera la emoción de estar en ella. La pasaba muy mal, es la verdad. Había noches que me acostaba con más hambre que sueño. Pero estaba en La Habana. Yo tenía una fe tremenda en mi voz y mis canciones", relataba.
martes, 26 de febrero de 2013
Para un guajiro (campesino)
Después de cuatro duros años en La Habana, donde fue lustrabotas, cargador y vendedor en plazas de mercado, boxeador novato, logró afincarse. Intuitivamente se definió como cantante en tabernas, bares, restaurantes, malecones y balcones de serenata.
"Para un guajiro (campesino), pensar en La Habana es la ambición más grande. Nada supera la emoción de estar en ella. La pasaba muy mal, es la verdad. Había noches que me acostaba con más hambre que sueño. Pero estaba en La Habana. Yo tenía una fe tremenda en mi voz y mis canciones", relataba.
"Para un guajiro (campesino), pensar en La Habana es la ambición más grande. Nada supera la emoción de estar en ella. La pasaba muy mal, es la verdad. Había noches que me acostaba con más hambre que sueño. Pero estaba en La Habana. Yo tenía una fe tremenda en mi voz y mis canciones", relataba.
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